CAFÉ PASADO #07 : "Vamos que ganamos"
La semana no fue buena. A decir verdad, desde hace tiempo que no lo son. Caída, derrota, las cosas no nos salen y ya no sabes si sentir bronca o simplemente tirar la toalla.
Y es que parece que cuando a Alianza no le va bien, a mí tampoco. Es como si yo quisiera jugar el partido, pero no llego a hilvanar dos pases seguidos. Encaro, la piso, me quito la marca de encima, pero cuando voy a disparar, un central me tumba. Este me deja en el piso y yo ya no sé qué hacer. Estas semanas han sido pésimas, pero ya llegó el séptimo día y todos los caminos apuntan hacia Matute.
Ya iniciada la fecha, con el sol en todo su esplendor y el reloj marcando la 1:15 pm, arrancaba el partido. UTC el rival de turno. Línea de 4 en el fondo. En el ambiente hay más ansiedad que fútbol.
Alianza estaría mejor parado que otras veces, parece que ya no se estorban unos a otros, pero aún está ese mismo problema, el no meterla. Se crearían muchas ocasiones, como a los 15’ que, a través de un preciso centro de Hernán (qué novedad) Lavandeira cabecearía, pero allí estaba Salomón Libman que, como buen hincha, se juega el partido de su vida cada que en frente tiene a Alianza Lima.
Algunas otras ocasiones creadas después, y ciertas polémicas por supuestos penales, es que llegaría, a través de la bendita pelota parada, un gol... que no fue. A los 28’, con un testazo, Míguez dejaría el balón dentro de la red, pero estando él en posición ilícita. Fue fina eh, finísima, buen ojo del lineman.
Luego de otros intentos que asustarían el arco de los Gavilanes, a los 44’, llegaría otro desborde por la banda de Barcos, quien le pondría un balón a Aguirre como con la mano. Su disparo sería atajado por la humanidad de Libman, dejando el rebote para Lavandeira que, para mala suerte nuestra, remataría desviado.
Tuvimos tantas sin consolidar en la primera mitad, que parecía que si los cajamarquinos tenían una sola, nos liquidaban. O quizá no. Es así que a los 45’ + 4’, Hideyoshi Arakaki encara por banda, remata y el remate se va por desviado por poco.
Primera parte culminada. Todos al vestuario con la incógnita de cuáles serán los replanteos.
La segunda mitad iniciaría sin cambios y con más llegadas blanquiazules. La más clara llegaría a los 14’ a través de Arley y Hernán, pero con un “Yuyo” Libman inspirado iba a ser muy difícil.
Un minuto más tarde, por las constantes faltas, Leonardo Mifflin se iría expulsado, dejando así a UTC con 10 y con más espacio para que Alianza pueda aprovechar, pero a veces parece que no somos conscientes del hombre de más y nos volvemos tan conservadores que parece que nosotros somos el equipo con uno menos.
Con la entrada de Leyton, Benavente y Rodríguez es que se buscaría sacar mayor provecho de estos espacios, pero dejando la incógnita del por qué los jales no son titulares. El ChavAL es, a mí parecer, el jugador más vertical del equipo y quizá del fútbol peruano. Leyton, aunque en ocasiones tímido, puede encarar por bandas. Hay algunos jugadores que hoy, pese a la hazaña del año pasado, merecen banca, merecen una dosis de realidad. Nadie aquí es intocable.
Y pasando a otro tema...
En el fútbol hay muchos momentos sublimes, pero uno destaca por sobre el resto. Y hablo de ese momento en el que levantas la cabecita, inhalas y exhalas profundamente y, como si de una nube se tratase, le das suavemente a la bocha para que esta vuele y conecte con la testa del ariete. Qué bello que es mandar un buen centro. Mismos que, en un no muy lejano 2017, nos sacaron campeones. Bonito recuerdo, ¿no? Pues, cuando parecía que el partido se consumía y que la luz de los corazones blanquiazules se apagaba, es que aparecía uno de estos.
Jugaba por la banda, Ricardo Lagos le sede el balón a Darlin Leyton para que este lo intente una vez más. Leyton la para, toma aire, levanta la cabecita, ubica al 9, exhala y le da como si tuviera un guante en el chimpún. La redonda que va cayendo, pero tenemos en el área a alguien que siempre está. El Pirata se agacha y con la parte trasera del cráneo impacta el balón. Y este se va colando sutilmente al arco, como pidiendo permiso, golpea el palo para luego entrar. Después de tantos intentos, por fin llegó ese grito que hoy es de desahogo, de sufrimiento, de regocijo y de victoria. El hombre más determinante de Alianza Lima, Hernán Barcos, desempata el marcador cuando solo faltaban 5’ para culminar. Lo que me lleva a preguntarle al público: ¿Qué sabe de sufrir usted, amigo, si nunca hinchó por el Club Alianza Lima?
Se ganó. Fin. Pero no tapemos el sol con un dedo. Hay jugadores que hoy están desaparecidos, que no están sumando y, muy por el contrario, ocupan lugares quitando oportunidades a elementos que quizá puedan tener un mejor rendimiento. Esperemos mucho de Ricardo y Jairo, dos pilares el año pasado.
Párrafo aparte para Yordi Vílchez, El Caballero De La Zaga, qué jugador. De central muy parejito. De lateral derecho, sorprendiendo a todo el mundo. ¿será que encontramos una opción más por ese lado?
Mención honrosa para Cristian Benavente Bristol, levantando al Pirata diciéndole: “¡VAMOS QUE GANAMOS!” cuando parecía que las cosas nunca iban a salir. Lo que nos hace ver que el líder no está solo. Esto es una familia, esto es Alianza Lima.
Ahora nos vamos a Chile con un sueño y mucha ilusión. Colo Colo, nuestro hermano, es el rival que nos aguarda. Todo cuesta arriba, pero, al mismo estilo del ChavAL, vamos... que ganamos.
Por: Leonardo 'El Potrillo' Cusirramos
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