TERRITORIOS ÍNTIMOS #16: De Ellas
Imagina que tienes el poder de detener el tiempo, y precisamente lo
detienes en el minuto 90, cuando Adriana Lúcar conecta el balón que le sirve
Carmen Quesada, balón que solo la red del arco norte pudo contener, y olvídate
por un rato de los minutos dados por el referí.
Es en ese instante donde ya tienes la certeza que nada podrá cambiar
la historia, que no habrá fuerza terrenal alguna que altere lo inminente o que
te quite a ti, a quien tengas al lado, a ninguna de las 30,000 almas
congregadas un jueves por la noche, y en especial a las futbolistas
blanquimoradas, la palabra BICAMPEONAS de la boca. Instante donde ya sabes que
el compromiso y las ganas de meterse en la rica historia del Alianza Lima
finalmente alcanzaron el objetivo porque no habría otra oportunidad. Ahí, en el
minuto 90, caprichosamente, se firmó el final del torneo y se canceló
definitivamente cualquier esperanza de la visita. No, no habrá chance para
aquellas. Esa fiesta tenía los colores blanco y morado, y estaba reservada
únicamente para quienes los lleven en el alma. Había color, música, y
especialmente aquello que nos pertenece: alegría.
Ahora que ya eres consciente de todo lo anterior puedes presionar
play nuevamente, y que corran los minutos agregados hasta que el balón se
detenga por orden del silbato y comiencen las celebraciones al ritmo del
"¡Y ya lo ve, y ya lo ve, Alianza Lima corazón!" Lo cantaste tú, lo
cantó Matute, lo cantó el Perú entero, lo cantó todo grone en cualquier ciudad
del mundo donde se encuentre, y especialmente lo cantó el equipo bicampeón. Una
sola voz, un solo sentimiento, como lo demostró Sandy Dorador sin guardarse
emoción alguna, llevando en el corazón a su sagrada trinidad: su hijo, su madre
y Alianza Lima, y para lanzar un potente mensaje a las niñas que, como ella en
su momento, tienen un sueño que es posible hacer realidad en un país que se
resiste a reconocer que aún hay derechos por conquistar.
Por cada una de las bicampeonas hay una niña que también quiere
tomar el balón, enfundarse la blanquiazul y correr tras él hasta pisar el verde
de Matute sin ser vista condescendientemente, o peor aún, con rechazo.
Aquellas niñas, que tal vez una noche de octubre en 2022, viendo
bicampeonar a su equipo, se imaginaron a ellas mismas entre humos azul y
blanco, rodeadas del ensordecedor canto de la hinchada, y con papel picado
elevándose hasta el cielo, mientras levantan un trofeo para dar comienzo a la
ansiada vuelta olímpica. De la misma forma como cuando inicaron el camino a
realizar un sueño sobre el eterno gramado del Alejandro Villanueva.
Que tengan un excelente viernes grone, muy especialmente a las
bicampeonas.
¡Y arriba Alianza Lima, carajo!
Por: Metalgrone

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