TERRITORIOS ÍNTIMOS #19: Azul en la sangre
Al enlazar mentalmente las cuatro palabras del título, los
aliancistas, de manera automática, las convertimos en una sola: morado. Me
pareció genial cuando años atrás fue empleada para promocionar la camiseta de
octubre de dicho color, tradición indisociable de Alianza desde hace décadas y
que incorpora la religión en la identidad del club. El mismo club que fue
abarcándolo todo hasta convertirse en la forma en que este aliancista ateo ve
el mundo. ¿Aliancista y ateo? Claro que se puede, como tantas cosas en la vida,
sin embargo, la camiseta morada y yo nos mantuvimos cada uno en lo suyo (entiendase
como que nunca usé una), y aquí paso a narrar el por qué de la columna de hoy.
En el 2018 me encontraba en un contexto personal, digamos, un poco
bastante jodido (para variar), uno de aquellos donde las preguntas sobran y las
respuestas (las verdaderas) sencillamente no las ves. Dentro de dicho contexto
recibí la visita de un familiar por quien siento un amor practicamente filial,
era octubre y ella llegó vistiendo su hábito morado, tal como lo hace desde
algunos años atrás (pero no muchos años) y recordé la primera vez que la vi así
cuando pensé “¿Hábito morado? Algo ha pasado”, pero no le pregunté para no ser
impertinente y respetar la intimidad de su promesa.
Bueno, pero aquella vez tuve que ser impertinente y totalmente
entrometido. No lo malinterpreten, la pregunta iba más allá de satisfacer
cualquier curiosidad improductiva, ella es el único nexo de sangre con mi lado
paterno, y sentí que en la respuesta que me diera habría bastante de mi viejo,
y que así no me la diera igual habría en su negativa mucho amor por mí.
Entonces me contó, y entendí. Lo que pedía esa buena mujer era
tiempo. Tiempo para poder atender a su madre hasta el último de sus días y no
partir de este mundo como sus demás hermanos, siendo ella la última que
quedaba. Y así fue.
¿Y qué fue lo que entendí, y qué tiene que ver Alianza Lima en todo
esto? Entendí algo más sobre el amor (esperen, no se vayan, esto no tiene un
desenlace cursi), entendí que con amor y por amor podemos hacer muchas cosas
sin que ello implique ceder en algo. La vi sola, pero no en el sentido de
abandono porque no lo está, me refiero a que pensé en que sus padres y sus dos
hermanos ya no estaban y, como mencioné más arriba, mi cariño por ella es
enorme.
Se me ocurrió acercarme a su mundo con un poco del mio a través de
un color: el morado. Así fue que le conté sobre la tradición de las camisetas
de Alianza en octubre, y que quería acompañarla simbólicamente vistiéndola, ya
que nunca lo había hecho. Las veces que las he usado (tampoco es que sean los
31 días) la recuerdo a ella, a su respuesta, a su promesa, a su amor de hija, pero
sin abarcar tema alguno sobre religiones o dioses. El amor va más allá de todo
eso, está exonerado de aquello.
Usar la camiseta de octubre es mi forma de decirle a ella cuánto la
quiero.
De decirle que la quiero, pero a lo Alianza.
Te quiero un mundo, Eli.
Que tengan un gran viernes grone, hinchas del único tetracampeón.
Y arriba Alianza Lima.
Por: Metalgrone

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